Bienvenido al estrés, papá primerizo

Como recientes papás, acabáis de pasar por un periodo realmente estresante como es el final del parto y el propio parto en si, pero esto no ha hecho más que empezar.

Con la llegada de una personita tan sumamente delicada te enfrentas a niveles de estrés desorbitados, principalmente por el desconocimiento.

A continuación os dejo una pequeña recopilación de los momentos que me han parecido más TOP en cuanto a estrés.

  1. Salida del hospital. Papá primerizo, mamá debilucha. En nuestro caso vivimos a no más de 15 minutos y tardamos algo así como 50 en llegar a casa. Marido iba a paso de tortuga por miedo. Miedo porque llevas a tu bebé con dos días de vida en una sillita (que encima le está enorme porque es diminuto). Y, miedo también, a los gritos de su mujer porque al pasar por algún bache chillaba (un poco exagerado, sí), por el punto… El dichoso punto. Mi consejo, paga un taxi de vuelta a casa, si el recorrido lo permite.
  2. Baño del bebé. Momentazo. En el hospital, una matrona muy maja vino a la habitación y con un barreño (literal) bañó al bebé en un periquete y nos pareció lo más sencillo del mundo. Já. Cuando llegas a casa la bañera es enorme, el bebé se escurre y llora, suele llorar, tú no sabes si la temperatura está bien (si alguien entiende lo del codo y la temperatura que me lo explique, por favor, porque aún no lo entiendo). Ah, y además te empeñas en darle todo tipo de potingues; crema de cuerpo, crema de cara, crema de culo, colonia… Innecesario.
  3. Cuando vas tú solo en el coche con el retoño. Montas al bebé en la silla y ahí ya se te van más de diez minutos con el artilugio, luego desmonta el carro y mételo al maletero, métete tú al coche y arranca. Parece fácil, sí, pero no. Ah, y si estás aparcado y de repente un coche pone el intermitente para aparcar en tu sitio, verás tú qué gracia.
  4. Primera visita al pediatra. A la semana de nacer el bebé tienes que llevarle a su primera cita médica para ver que va ganando peso y controlar que todo vaya bien. Parece un mero trámite pero a mi no me lo pareció. Vestir y desvestir al renacuajo en público con escasa experiencia  tiene su miga. Además, a nosotros se nos olvidaron las toallitas y el señorito tenía una caca del tamaño de una plaza de toros. Recuerdo ese día con horror. Todo eso por no hablar del tercer grado al que te someten con preguntas del tipo “¿la caca tiene grumos?”. Muy apetecible.
  5. Primera vez que el bebé pisa la casa de los abuelos. Da igual que ellos ya le conozcan y que sea “tu antigua casa”. Va a ser todo raro, muy raro. Para empezar tu madre/suegra aprovechará que estáis allí, bueno, que está el bebé, para llamar a todas las vecinas y presumir de nieto. También te preguntará mil veces si ha comido, le has sacado los aires, le has cambiado el pañal, etc. Interrogatorio de nuevo. Y tú, que ves ese sofá que te es tan familiar y sueñas con dar una cabezada… Olvídate, ahora viene “La Puri”, la vecina de abajo, que ha oído llanto y quiere conocer al nuevo.

Paciencia, estas primeras veces hay que pasarlas y luego, la segunda vez que lo intentas, no es tan malo como creías.

@Saralacalle

 

 

 

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