A la playa, ¿qué llevamos con un bebé?

-Hola, Sentido Común, soy Sara, primeriza y playera.

Así me enfrenté a nuestro primer día de playa con un bebé de 7 meses. Es cierto que si te pones a leer y a buscar información, puedes salir de casa como si te fueses 15 días de viaje pero no, o al menos, no en nuestro caso. Es cierto que nosotros somos muy de relativizar las cosas y, en ciertas ocasiones, pecamos de “despreocupaos” pero por el momento no nos ha ido mal.

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¿Epi…? Episiot0mía. No, por favor.

La episiotomía es una de esas cosas que toda embarazada intenta evitar a toda costa (da miedo hasta la palabra) y es que además de suponer una gran incomodidad durante el post parto puede ser la causante de futuros problemas con el suelo pélvico, incontinencias y demás ventajas de ser madre.

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Si fuese un biberón, ¿me mirarías mal?

Esta semana saltaba a la prensa el caso de una mujer que mientras amamantaba a su bebé en un museo fue invitada a salir… ¿por una teta? ¡Estamos locos de remate!

Si esto fuese un caso aislado, entendería que hay locos en todas partes pero el problema es que hay muchos casos de mujeres que son invitadas a taparse o a irse a otro sitio a dar el pecho a sus bebés. A mi personalmente no me ha pasado nunca y doy gracias por ello.

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¡NO!

A medida que iba dando la noticia de que estaba embarazada tuve que enfrentarme mil veces a la palabra NO con frases como estas:

  • NO sabes lo que haces.
  • NO lo habéis pensado lo suficiente, sois muy jóvenes.
  • NO vas a volver a ser la misma.
  • NO vas a poder ducharte.
  • NO vas a dormir.
  • NO vas a tener tiempo para ti.
  • NO es fácil atender a tu pareja. (Ojo al verbo atender).
  • No vas a viajar más.

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Opciones después de un aborto natural

Dada la repercusión que tuvo el post anterior y a pesar de que el tema no es de mi agrado, sigo con la misma temática por si a alguien le puede ayudar.

Como ya os contaba, cuando nos dijeron que el feto no tenía latido, nos dieron dos opciones, o legrado o mediante pastillas.

Me decidí por hacerlo con pastillas porque me parecía la opción menos invasiva y podía vivirlo de una forma mucho más privada puesto que no requería de ingreso hospitalario, mientras que el legrado sí.

IMPORTANTE: vuestra pareja debe ayudaros a tomar esta decisión pero, en el fondo, la última palabra tiene que ser tuya. La que va a pasar por semejante proceso eres tú y tienes que tener en cuenta tanto tu condición física como la psicológica.

Opciones:

a) Legrado: es el método más empleado hasta la fecha. Requiere de ingreso en el hospital y el uso de anestesia (a veces general, a veces es solamente sedación). El dato importante es que, aunque es una técnica muy sencilla y breve (dura entre 1 hora- hora y media) y si todo va bien el alta te la pueden dar incluso el mismo día, no deja de ser una intervención quirúrgica, lo que quiere decir que implica una serie de riesgos.

b) Pastillas: es un tratamiento alternativo que busca evacuar el contenido uterino sin usar técnicas invasivas, aunque no siempre se consigue. Solo se puede usar hasta la semana 15 de gestación y en embarazos de un solo embrión.

El procedimiento consiste en introducir en la vagina una dosis de prostaglandina. En mi caso se usó Misoprostol. Esta sustancia provoca contracciones y dilata el cuello del útero de modo similar a como las provoca la oxitocina cuando llega la necesidad de inducir el trabajo de parto al final del embarazo.

A los 3 días de haberse administrado la dosis de pastillas se realiza un control para comprobar si se ha procedido a la evacuación total. Si no es así, se puede poner una segunda dosis (si no se quiere recurrir al legrado). En esta ocasión se dejan 5 días para ver si el cuerpo logra limpiarse. En caso de no haber logrado la evacuación ya no se dará una tercera dosis, sino que la opción definitiva será el legrado. Yo tuve que pasar por el proceso dos veces porque la primera vez no salió bien, pero esto no es algo habitual.

Lo que sentirá la mujer en este proceso será similar a lo que se sentiría en una expulsión espontánea: cólicos y sangrados. Los dolores son fuertes y en mi caso me recomendaron tomar Enantyum y Nolotil de manera alterna, y he de decir que gracias a ellos pude soportarlo. Ahora, una vez que he dado a luz, tengo que decir que los dolores son de contracciones de parto, o al menos en mi caso lo fueron. Se soporta sí, pero duele y mucho.

También es importante vigilar el sangrado que acompaña la expulsión. Es habitual que tras la expulsión el sangrado dure unos 10 – 12 días más. En ocasiones puede aparecer algo de fiebre o diarreas. Para esto último se precisa mucha hidratación; no os olvidéis de beber agua abundantemente en estos casos. La fiebre será controlada por la analgesia que estamos recibiendo.

Y ya para cerrar esta entrada tan poco agradable, me gustaría recalcar que para mí hay un factor muy importante del que no se habla en los papeles y es el factor psicológico. Yo me planteé si sería capaz de aguantar psicológicamente en casa esos días de expulsión y si vería algo que pudiera traumatizarme. La verdad es que mi ginecólogo me lo explicó todo muy bien y sabía en todo momento lo que venía a continuación pero aún así, es un proceso duro que requiere de una baja médica porque, más allá de lo físico (a la semana o diez días estás recuperada) el factor psicológico es MUY importante y nadie se encarga de valorarlo.

Hay que pasar por el duelo. LloraDesahógateDate tiempo, que todo se cura. No se trata de olvidar, yo no lo he hecho ni creo que lo haga nunca, pero aprenderás a aceptarlo y seguirás viviendo con un montón de alegrías que llegarán en el futuro.

Si estás leyendo porque estás buscando información, lo siento. Ojalá no hubieses tenido que llegar nunca a este post pero espero que te sirva de ayuda.

Pd: recuerdo que no soy médico y que una cosa así requiere de un especialista.

@Saralacalle

De repente… aborto

Aborto, según la RAE:

Del lat. abortus.

1. m. Acción y efecto de abortar.

2. m. Interrupción del embarazo por causas naturales o provocadas.

3. m. Ser o cosa abortados.

4. m. Engendromonstruo.

Pero para mi es mucho más que eso, es un antes y un después en  tu vida, es ver tus ilusiones (y las de tu pareja) truncadas de repente, son un millón de respuestas y un millón de porqués que nunca jamás van a tener respuesta.

En diciembre de 2016, Marido y yo perdimos un bebé y quiero dejar muy claro ese plural porque a mi me costó entender que él también lo había perdido.

Estaba en la semana 15 cuando, en teoría, las semanas de más riesgo habían pasado. De hecho, excepto en el trabajo, se lo habíamos contado a todo el mundo, era nuestro primer bebé y al llegar de la Luna de Miel nos habíamos llevado esa sorpresa, ¿cómo nos lo íbamos a callar?

Todo iba bien, las revisiones y las ecografías hasta ese momento habían sido normales, algún que otro vómito pero ya está. Todo dentro de lo normal pero un domingo por la tarde todo se torció. Empecé a sentirme muy cansada (no tenía fuerzas para nada) y por la noche tenía pinchazos en el lado derecho del abdomen. Por la mañana del lunes no fui a trabajar y me fui al ginecólogo y a partir de ahí la historia en mi cabeza tiene lagunas. Recuerdo estar muy nerviosa antes de entrar, recuerdo como en la ecografía la ginecóloga me cogió la mano y me dijo “no se escucha latido”. Recuerdo cómo, con mucho tacto, me mandó hacer reposo absoluto durante 48 horas porque había veces que no se escuchaba porque aún era muy pequeño (no contemplé esta opción en ningún momento porque siempre le había escuchado hasta entonces). También recuerdo que me explicó las opciones que teníamos en ese momento: legrado o pastillas. Recuerdo salir en shock y sentarme a llorar en la sala de espera mientras llamaba a mi marido. Recuerdo esas 48 horas horribles sin moverme en la cama y llorando sin parar porque no entendía nada y no paraba de culparme. ¿Por qué nos pasaba esto a nosotros?

Los días siguientes fueron horribles porque en tu cabeza sabes lo que está pasando pero en el fondo tienes la esperanza de volver a las 48 horas y que se escuche de nuevo el latido. No fue así.

Entonces decidimos la que consideramos la mejor opción, las pastillas. El resto, si a alguien puede ayudarle, lo explicaré en un post a parte.

Pero este texto de hoy solo quiere ser un llamamiento para todas esas parejas que lo están pasando o que lo han pasado. Un aborto es duro, de hecho, considero que ha sido lo peor que me ha pasado en la vida, pero se aprende a vivir con ello y, lo más importante, que te haya pasado una vez, no significa que te vaya a volver a pasar en la vida. Mírame, tengo un bebé de 6 meses y he tenido un embarazo de 10.

A veces, las cosas no salen bien a la primera y nos enseñan una lección.

Desde aquí mi abrazo fuerte a esos papás que lo han vivido.

@Saralacalle

Miedo al parto

“Cuanto peor ha sido un parto, más ganas tiene la gente de contarlo y exagerarlo”. Esta frase de mi matrona me ha acompañado desde que empecé la preparación al parto.

Aunque el hecho de ser madre me llenaba de emoción, el nacimiento del bebé me generaba un miedo y una preocupación que a veces me daba pavor reconocer en voz alta. ¿Podré dar a luz? ¿Podré soportar el dolor? ¿Saldrá todo bien? Todas esas preguntas se agolpaban en mi cabeza, principalmente al final del embarazo. Bueno, en la mía y en la de Marido, que no paraba de “taladrarle”.

Una vez que empecé a comentarlo con más embarazadas vi que no era la única y que es bastante común, por lo tanto, empecé a buscar información y estas son mis conclusiones:

Existen varios tipos de temores relacionados con el parto. El más frecuente es el miedo al dolor, pero también hay otros asociados a éste: miedo a lo desconocido, miedo a que surjan complicaciones, miedo a que el bebé no nazca sano e incluso miedo a no estar a la altura de las circunstancias cuando llegue el momento. (¿A no estar a la altura? Nunca vamos a estar “tan” a la altura).

Tranquila amiga, las mujeres estamos preparadas para parir de forma tanto biológica como psicológica. No debes preocuparte por el dolor físico ya que actualmente, gracias a la epidural, se reduce el malestar físico. Además, debes tener presente que cuando llegue el momento estarás en manos de profesionales y que no deberás preocuparte por nada. Ellos son los que saben, solo tienes que confiar en ellos. Palabrita.

Además, estos son algunos consejos para que te sientas más segura y estés preparada para cuando llegue el momento:

Descansa siempre que puedas. Simplemente no hagas nada y disfruta de un descanso diario, lee un libro, ve una peli, siéntate en un parque simplemente a observar..

Comparte tus preocupaciones. Habla de tus preocupaciones, ya sea con tu pareja, con tu madre o con una amiga que ya tiene niños, te ayudará mucho.

Realiza técnicas de relajación. Recibir un masaje o practicar la meditación durante el embarazo son formas de relajarse que te beneficiarán. Yo esto no lo probé, pero tengo amigas que dicen que ayuda mucho.

Asiste a clases de preparación para el parto. La mejor herramienta para afrontar tus temores es disponer de una información completa. En esas clases aprenderás mucho sobre todas las etapas del parto, así como sobre los aspectos físicos y emocionales que marcan cada periodo. Los profesionales que imparten las clases, así como tu ginecólogo, son las personas más indicadas para resolver tus dudas. Además, si vas con la persona que estará contigo en el paritorio, mejor, también le tranquilizará.

Practica ejercicio. El ejercicio físico también reduce la tensión. Si tienes dudas sobre qué deporte practicar, consulta con tu médico. La natación es el ejercicio ideal durante el embarazo te mantiene flexible y saludable pero no daña las articulaciones. En mi caso yo opté por Pilates.

Desconecta. Haz actividades de ocio que te diviertan y te hagan desconectar de todo. Puedes ir de compras, al cine con las amigas o salir a cenar con tu pareja. (Lo último 🙌🏻).

Si aún así te sientes abrumada por el miedo, habla con tu doctor o con tu matrona.

¿Conoces a alguna mujer que no haya sido capaz de dar a luz? Yo tampoco.

@Saralacalle